Hay ocasiones en las cuales las miradas de las personas –conocidas o no- tienen ese brillo especial. Se trata de una sensación de confianza, entrega, dedicación y afecto. Ofrecen lo más valioso que alguien puede ofrecer, la espontaneidad y el sentido de importancia.Ofrecen pequeñas vivencias en forma de sonrisas y de complicidades. Te quedas observándoles y sin mayores explicaciones decides aceptar ese pequeño gesto, esa pequeña entrega que hacen.
De pronto un día sin motivos aparentes, ya no ofrecen eso que una vez te dieron de la manera mas espontanea. Te quedas inmóvil –solamente un segundo- y te preguntas porque razón desapareció esa entrega.
Te enteras que las personas desconocidas hacen pequeñas decepciones, lo mires por donde lo mires, un día sonríen y otro se comportan ajenas a toda emoción. Aprendes a recibir esas emociones cuando llegan, con naturalidad.
Vives con ese sentido de permeabilidad y te enfrentas contigo mismo y te dices que tu también lo has hecho, tu también miraste a alguien, sonreíste y le diste algo con esos dos gestos.
Al cabo del tiempo tus ocupaciones, tu rutina o tu humor hicieron no prestar la misma atención. Todos estamos llenos de pequeñas decepciones.
Luego valoras mas esas pequeñas entregas anónimas, porque sabes que algo inexplicable las motiva, y sin mayor razón les das cabida.