Yo tengo una filosofía de vida muy práctica, creo profundamente que tener una noche diferente es tener la sensación más cercana a lo que nos gustaría hacer el resto de nuestras vidas. Ayer para mi, fue una de esas noches, es algo así como varias sensaciones, la primera, cantar la música que me gusta no por quien la canta, sino por lo que siento al escucharla, la segunda, ver al cielo con ciertas nubes de paso y al fondo de el las estrellas, no porque sea el cielo, sino porque yo lo estoy viviendo a mi manera; la tercera, ver al frente y ver hacer la música que me gusta, no por quien la hace, sino porque me gusta como sabe ese sonido entre mis oídos; y la mas importante, justo a una pequeña distancia los amigos que no deben faltar y que nos deben acompañar en esas noches... y por dentro en el espacio del cerebro donde se mezclan los recuerdos y se relacionan con canciones que nos parecen familiares a cada situación vivida, allí en ese lugar, mis neuronas se debaten entre llorar o reír. Esas noches no deberían acabar, debería estar siempre en nuestras vidas, dispuestas a dejarnos salir cuando nos aburramos, pero que estén allí a la disposición para volver a tenerlas cuando se nos antoje.
En esas noches, donde el alter ego es un espejo, en donde no falta nadie de quienes nos importan, en donde los recuerdos son todo lo que nos queda, porque de ellos vivimos, porque son nuestros mayor tesoro, y son lo que hace que cada dia sigamos construyendo recuerdos para el futuro.
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