Me pare con las maletas hechas, las había preparado antes de decidir caminar. Me senté a tu lado, me despedí, como siempre había aprendido: fría y calculadamente, a modo de no dejar duda que estoy seguro de esa decisión.
Ya se que siempre en las pequeñas o grandes despedidas siempre lloras, tienes ese sentido del querer y el tener aferrados a mi. Entonces, hable, te callaste y sollozaste, yo te pedí que te acostaras a mi lado, estaba a tu espalda, nunca escuchaste que lloré, nunca sentiste lo mojado de mis lagrimas…. Pero lloré.
Estoy a la entrada del túnel, parado justo a dos metros y cuarenta y cuatro centímetros, la neblina está en su esplendor…. Evoca invierno, invoca lo inmediato, pero sobre todo el cuerpo del viento.
Estoy en la entrada del túnel, se que hay un trecho oscuro en donde no llevaré luz, y mis pasos serán solos sin los compañeros de viaje que siempre tuve, se que debo ir solo… no regresaré, no regresaré, aunque ese trecho oscuro sea largo, no regresaré.
Al terminar ese túnel encontrarán a la misma persona, seré yo, en donde mi figura y mi interior por primera vez serán uno.
No evoquen a los espíritus y a las dudas preguntando, a donde se fue, porque se fue, sino, sepan nada más que no perdí el camino. Lo he encontrado, justo ayer.
Mis queridos compañeros de viaje, no los abandono, sepan que a veces los guerreros nos retiramos del combate, para meditar, crecer, aprender del fracaso, porque solo así recobramos la fuerza.
Sepan que no los abandono, porque estoy a un pensamiento de distancia, no los abandono, porque se van conmigo, porque aya al final del túnel… estoy, pensándoles, extrañándoles y esperándoles.