+ Dedicado a los que sufren porque no saben que la magia de la vida no está en amar, sino en creer.
Le costo veinte mil días recuperarse del dolor del corazón, porque eso de olvidar a su primer amor no fue difícil, sino imposible. Todos los días se acostó a las seis llorando el abandono de aquel que no era su amado, su sueño, ni su vida, aparecía a plenas siete de la madrugada a esperar en la puerta que algún día viniese con un ramo de flores cortadas en el camino y una linda sonrisa.
Su mal humor se escurría escuchando la radio, abriendo la ventana que está justo a unos centímetros de la fogata de gas que sirve como cocina, en donde al fondo del cerro se observan los cipreses que están plantados junto al camino, el camino cada vez está más solitario, sin transeúntes y sin amor.
Un día se dio cuenta que las emociones que sintió son capricho y que la vida debe seguir, que pese a todo, no puede volver el tiempo, comprendiendo que hay sueños que no se cumplen. Que es mejor esperar a que el tiempo muera, los veranos se vallan, y que las oportunidades no están en esperar, sino en dormir y dejar que el día siguiente haga su aparición
Fue al río, se desnudo, abajo de la poza fría, y dejó que la corriente se llevase con ella todo pensamiento, todo recuerdo, después de todo, no era un amor perdido, sino una enfermedad.
Cerró los ojos y se imagino que la rabia que le dio la triste historia de amor corría con el agua, que era de color rojo y que se deslizaba entre las piedras, despidiéndose. Imagino que los demonios de dolor se iban junto con las hojas secas de los árboles, y que las luces se apagaban y se encendían, cual libélula sonriente en la noche de luna llena…. Los ruidos de los pájaros fueron cantos de paz.
Salieron un par de lagrimas, repitió el un millón quinientas mil veces te amo, y luego sonrío, había aceptado que todo pasa, que en el ir y venir de las cosas nadie tiene sentimientos, sino suerte. Que cada empezar hay que recibirlo con el corazón vacío.
Regreso a su casa y votó cosas viejas.