Este titulo raro, la Rafaela lo había leído en un viaje a México, en una portada de una revista bilingüe. Le había llamado la atención por dos cosas: por ser así como agringado, y por tener algo que ver con aquellas palabras que uno no sabe que quieren decir, pero evocan con un significado personal.
Cuando se enteró que esas dos palabras tenían una relación intima y celestial con ella, se dio la tarea de leer todo el articulo, le pareció interesante, pero no entendió nada, solo el “yes”, el “you” y el “young” la Rafaela no sabía que era nip, pero el término niñas evocaba cierta idea que se trataba de un articulo sobre mujeres.
El juan, su cuñado, que manejaba unos cuantos trucos de la Internet, busco en el cibercafe del pueblo, la Rafaela ya sabia el significado de niñas, el juan llevaba como encomendacion buscar “nip”, el juan escribió con perfecto picapollo: “que es nip”, tecleo enter y en seguida surgieron una serie de respuestas, la primera: “a small drink of liquor”, la mas segura, y la mas rápida alusión a lo que una búsqueda significa.
El juan que también había asistido a tres clases de un curso rápido denominado “como hablar ingles y encontrar trabajo en un solo paso y sin meter los pies” decidió hacer la traducción literal: “una pequeña bebida de licor”
La Rafaela a regañadientes la noticia: aquella gustada palabra significaba “una pequeña bebida de licor”, a parte de feo, le pareció una burla… pero la decisión estaba tomada desde siempre, sin lugar a dudas, ya su negocio llevaría “niñas nip” por nombre.
Nunca hubo en el barrio una hecatombe tan famosa, la colonia tenía su sinónimo, nadie conocía de la colonia sin conocer del lugar, era por referencia la famosa posada en donde los salarios se derretían, donde la florifundia se salteaba en las latas a plenas doce del día y donde san simón tenia su santuario.
Tenía cinco mesas de madera, cuatro sillas de plástico, y ocho bancos. Una cortina roja dividía la acera quebrada de la calle, de la sala de aquella casa. Contaba con cuatro empleadas, era el sueño hecho realidad, después de haber sido a rentas y penalidades, ahora era una negocianta, una madrina, era la dueña del mejor encerrón de la cuadra. La Rafaela tenía negocio propio.
Había creado la cultura de las niñas nip, que sin saberlo, ni quererlo, nacieron en el aire, en un viaje lleno de ideas de libertad, independencia y la búsqueda del sueño americano, en una revista de viajes, hijas del nombre de un trago.
El lugar: el techo de de teja, interactuando con laminas del corredor que daba hacia el patio, en donde todos los medio día el sol aroma a cerveza seca hacia su aparición. Algo había aprendido la Rafaela: entre más huele a chupadero, el bolo más goza.
En la pared mas limpia del lugar hacia acto de presencia la cinquera, una especie de acompañante para las penas, el dolor y la felicidad de los distinguidos clientes y los solidarios transeúntes. En ella las mujeres divinas, las caídas de la nube y el que tonto fui cobraban vida.
La Rafaela no sabe donde quedó la revista, lo que recuerda es un texto de la portada, que la tomó de una cestilla de la parte trasera de un asiento, en un avión de cierta línea aérea en el que se fue hacia México, en donde entró como turista, y de donde regreso años después con una cita truncada, con un mal sabor: no era de cantante a lo que le habían invitado a trabajar en el DF, sino de corista hácelo todo, en un bar de variedades, en donde cuatro días después de empezar el trabajo prometido por su amiga, escribió en la pared, tras un espejo “ juro que algún día tendré mi negocio; se va llamar niñas nip, y voy a ser la dueña…”
La Rafaela sabía muy bien del destino, de la vida, de los sueños, de la cumbre y del éxito, una mujer de letras, no de ciencias.
*Dedicado a las niñas nip, de (pub´s, bar, puticlub, y otros etc´s, calificativos)“El marú”, “el willy” y el “estrella polar”.