Aquí estoy, enredado entre camisas color rosa, perfumes de sandia y pensamientos pecaminosos. Sintiendo lo mismo y a la vez algo tan distinto. Siguiendo la vida sobre una línea tan delgada como es continuar el destino.
Pareciera que no he vivido nada, y ante esta circunstancia tan irrelevante y tan especial a la vez, como un espejo, mi historia, corta, a veces, silenciosa, triste, melancólica, alegre, loca, desenfadada y alborotada aparece.
Los pasos de mi historia son diferentes momentos, diferentes historias, diferentes sentimientos y diferentes personas.
Mi historia ha dejado atrás a muchas personas que me hicieron. Tanto las buenas, las malas, las irrelevantes, las importantes, las alegres, las fieles, las falsas, las aburridas, las alegres, las deprimidas, las irónicas, las entupidas, las inteligentes, las bailarinas… en fin, todas las personas han estado en mi historia.
Por lo que cada vez que me vean caminar, véanme, vean a mis personas, porque soy cualquier cosa, y estoy en cualquier lugar. Estoy con mis cómplices, mis amigos y mis lugares favoritos, no solamente estoy parado.
Por hoy, lo que se es que despertar es interesante, beber agua es delicioso y pensar en las posibilidades –cualquiera que sean- es una libertad absoluta que sin importar las consecuencias, me agrada.
Me gustaría tener a cada uno de los hombres que me han gustado cada vez que he pasado por alguna acera, un parque o una fiesta… que estuviesen frente a mí y besarlo en público, seguramente eso demostraría que no tengo reparos en mi lengua, pero creo que basta con hablar de más, para que se de por sentado que tengo malas quede demostrado.
Y yo también una persona en la historia de ellas, pero esa parte no me corresponde escribirla.