El ser humano es despreciable –cuando quiere- porque hace unos días que muchos lloran la muerte del Rey del Pop, y cada quien ha cogido su parte, los que le querían, los que le conocían, los que le odiaban – y le odian- los que lo criticaban, los que lo escuchaban y también, no menos importantes quienes compraban sus discos.
Este día, su pagina oficial recoge 423,999 mensajes de recuerdo que los visitantes han escrito, también hay periodistas (con nombre y apellido) que antes lo atacaron, y hoy dicen que será recordado por siempre...
Con el pasar de los años las tecnologías han avanzado, la comunicación por lo tanto, también. En pocos minutos la noticia se apoderó de la red, todo el mundo se enteró: el artista había muerto.
La vigencia del tema, y el número de primeros planos que su funeral acaparará en los periódicos de todo el mundo, superará por cientos a la suerte de los personajes contemporáneos mas emblemáticos: J. F. Kennedy (22 de noviembre/1963), John Lennon (8 de diciembre/1980), Jackie Kennedy (19 de mayo/1994), Diana Spencer (31 de agosto/1997), Madre Teresa de Calcuta (5 de septiembre/1997)
Así es el mundo, así son las personas, siguen cosas sin sentido, lloran sin motivo y muchas veces corren sin dirección, pero quizás la excusa más torpe es que dan vida y matan a la misma victima.
Sin importar como nos obligue la poca o distorsionada información que nos llegue de una persona en particular, cada quien tiene su grado de dificultad, se enfrenta a sus propias ideas, pensamientos y miedos, y es de allí que conducen las decisiones de cómo hacer su vida, por eso ni vivos, ni muertos debemos prejuzgar.
Como dice una frase atribuida a Salvador Dalí, “que no conozca el significado de mi arte, no significa que no lo tenga”. Un icono se va, y un hito ha nacido. Nunca diremos lo mismo de las lecciones.